A través de este blog, doy a conocer algunas anécdotas e imágenes relacionadas con el autor. Las fotos las conservé durante muchos años con el fin de mostrárselas a mis hijos, lo cual nunca he hecho, y a mis nietos, lo cual dudo que pueda hacer. Debido a las lluvias e inundaciones, a la humedad y al descuido, principalmente, muchas sufrieron daño y la mayoría se perdieron.
Ahora, gracias a las tecnologías actuales tengo la oportunidad de hacerlo, de manera virtual, agregando algunas narraciones con el fin de expresarles cómo todo cambia durante la vida que Dios nos da como un regalo que casi nunca apreciamos, hasta que nos sentimos viejos y, al añorar viejos tiempos, quisiéramos retornar, cuando menos, para volver a vivirlos, o para enmendar aquellos errores que quizá nunca hubiéramos cometido de haberlo meditado con calma.
HISTORIAS DE UNA VIDA
El malecón.
Al llegar a este pequeño pueblo, lo primero que llama la atención es el Río San Pedro que corre a tu derecha al llegar por carretera. El río es fuente de vida y también de desastres para la principal actividad que es la agricultura. Llama la atención su malecón, donde también se entretejen muchas anécdotas de la niñez y la adolescencia.

No voy a mencionar para nada datos físicos, geográficos ni económicos... en este momento.
Sólo debo decir que, en el río y en el malecón, viví muchas de las experiencias gratas e ingratas que más tarde voy a relatar.
La hermosa vista se convirtió en fuente de inspiración y sus pequeños rinconcitos albergan tantos recuerdos que muchos se escaparán de esta mente, ahora ocupada en otros menesteres.

El río y el malecón ahí están, atesorando tantas remembranzas, ahora sólo puedo decir que los consideraba tan míos que aun los conservo entre mis más preciadas joyas... nunca los olvidaré.
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